En el sector del real estate argentino, el enfoque tradicional en el diseño y la estética de los edificios está comenzando a ser cuestionado. La pregunta clave que surge es: ¿quién va a operar el edificio y cómo lo hará? Este aspecto se vuelve fundamental en un mercado donde la experiencia del usuario define el valor de un activo a lo largo del tiempo.
Históricamente, el negocio inmobiliario ha funcionado como una caja de bonos, donde se adquirían o desarrollaban inmuebles, se firmaban contratos y se cobraban rentas de forma pasiva. Sin embargo, este modelo se está agotando. Actualmente, el real estate se está transformando en un sector operacional.
Las industrias hotelera y logística han comprendido esta dinámica hace años. Un hotel, por ejemplo, no solo vende habitaciones, sino experiencias que deben ser continuamente gestionadas. Las grandes cadenas hoteleras participan desde la etapa de planificación para asegurar que el diseño se alinee con los estándares de servicio deseados, sabiendo que un error de diseño puede tener repercusiones a largo plazo.
Este enfoque se está trasladando ahora a los edificios residenciales y corporativos. En el ámbito residencial, modelos como el de renta administrada modifican la dinámica, donde cada vacante o inconveniente puede afectar directamente los ingresos. Los inquilinos de hoy tienen más opciones y no dudan en compartir su experiencia públicamente, lo que puede impactar negativamente en el negocio.
En el caso de los edificios corporativos, la pregunta ha cambiado. Las empresas no solo se preguntan cuántos metros cuadrados necesitan, sino por qué sus empleados deberían desplazarse a la oficina. Este nuevo paradigma exige que los edificios ofrezcan servicios, comunidad y flexibilidad, priorizando la experiencia del ocupante.
Es crucial diferenciar entre administrar y operar un edificio. La administración implica rendir cuentas sobre lo que ya sucedió, mientras que la operación se enfoca en el futuro. Un operador no solo soluciona problemas, sino que diseña sistemas para prevenirlos, mide la experiencia de los usuarios y ajusta los servicios de acuerdo a la demanda.
Las decisiones tomadas durante la planificación de un edificio tienen un impacto duradero. Un operador debe ser considerado un socio estratégico, aportando perspectivas valiosas desde el inicio del proyecto. Esto es lo que distingue a un edificio que se vende bien de uno que también se mantiene en el tiempo.
La pregunta que deben hacerse los propietarios es si están administrando o operando sus activos. Un propietario que solo se enfoca en las cuentas puede perder de vista la percepción del edificio en el mercado y su competitividad.
El sector inmobiliario está experimentando una transformación similar a la que vivieron anteriormente la hotelería y el retail, pasando del enfoque en el ladrillo al servicio. Los edificios que mejor se mantendrán no son necesariamente los más lujosos, sino aquellos que han sido diseñados para ser utilizados y gestionados adecuadamente.
Desarrolladores y propietarios deben colaborar estrechamente desde los inicios de un proyecto. La clave para asegurar la relevancia de un edificio en la próxima década radica en la operación continua y eficiente del mismo, ya que el envejecimiento de un inmueble no solo se debe al paso del tiempo, sino también a la falta de atención en su operación.
Fuente: La Nación






